jueves, 17 de octubre de 2013

lectura

                                      PEQUEÑOS GRANDES LECTORES

La lectura se concibe como un ejercicio permanente para comprender el mundo y el lenguaje en todas sus formas, resulta claro entonces que el niño, ese a quien como maestros de primer grado debemos “enseñar a leer y escribir”, ha comenzado su proceso lector desde el momento mismo en que nació.


Ese pequeñito a quien intentamos, a veces con dificultad, enseñarle las letras y las vocales ha leído, durante seis, siete o más años: gestos, cuerpos, tonos de voz, imágenes, rostros, gritos y silencios. Ha leído la mano cariñosa de su madre, la sonrisa cálida y afectuosa  del adulto que lo cuida, o el grito de su voz enojada ha leído el amor y el desamor, la compañía y la soledad, haciendo uso de los códigos que le brinda su propio entorno familiar y social.

El primer paso es valorar los conocimientos que trae el niño o la niña. El lector lee desde sus esquemas, y a partir de allí, logra construir significados de los textos con los que se relación (aprendizaje significativo). Se debe permitir que el niño exprese ante sus compañeros y maestro lo que conoce sobre un tema, que cuente con sus palabras las experiencias y saberes que trae  y que, además, aprenda a escuchar al otro quien también viene con su maleta llena de anécdotas, de historias cotidiana, de hipótesis y de deducciones construidas desde su propio nivel de razonamiento. Todo esto se hace para promover un avance significativo en su proceso como lector.


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