PEQUEÑOS GRANDES LECTORES
La lectura se concibe como
un ejercicio permanente para comprender el mundo y el lenguaje en todas sus
formas, resulta claro entonces que el niño, ese a quien como maestros de primer
grado debemos “enseñar a leer y escribir”, ha comenzado su proceso lector desde
el momento mismo en que nació.
Ese pequeñito a quien
intentamos, a veces con dificultad, enseñarle las letras y las vocales ha
leído, durante seis, siete o más años: gestos, cuerpos, tonos de voz, imágenes,
rostros, gritos y silencios. Ha leído la mano cariñosa de su madre, la sonrisa cálida
y afectuosa del adulto que lo cuida, o
el grito de su voz enojada ha leído el amor y el desamor, la compañía y la
soledad, haciendo uso de los códigos que le brinda su propio entorno familiar y
social.
El primer paso es
valorar los conocimientos que trae el niño o la niña. El lector lee desde sus
esquemas, y a partir de allí, logra construir significados de los textos con
los que se relación (aprendizaje significativo).
Se debe permitir que el niño exprese ante sus compañeros y maestro lo que
conoce sobre un tema, que cuente con sus palabras las experiencias y saberes
que trae y que, además, aprenda a
escuchar al otro quien también viene con su maleta llena de anécdotas, de
historias cotidiana, de hipótesis y de deducciones construidas desde su propio
nivel de razonamiento. Todo esto se hace para promover un avance significativo
en su proceso como lector.
